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‘Sin retorno’, una obra del desarraigo

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 Me atrevo a asegurar que por las calles de Miami se puede encontrar a los personajes de Sin retorno. Ellos no son más que un hombre y una mujer sin nombre, que han trasladado su Habana a un cementerio del Southwest o simplemente están, a pesar de los años, buscándola en una ciudad que por momentos se les hace ajena.

Sin retorno es la obra que la compañía Maroma Players con la dirección de Rolando Moreno seleccionó para participar en el TEMFest 2013 (Festival de Teatro en Miami Studio). Dos cubanos de diferentes generaciones coinciden en un cementerio y cada uno de ellos cuenta su historia, tienen en común un prolongado destierro y la imposibilidad del retorno. El diseño escénico de Moreno enfatiza la tesis de la imposibilidad de volver, o más aun la imposibilidad de cambiar. Diez lápidas trazan las calles de la ciudad de los muertos por la que estos dos seres transitan tratando de encontarse a sí mismos. El cementerio deviene en una metáfora de la ciudad a donde estos personajes vienen a sepultar o a exhumar sus historias de pasiones, rencores, temores y frustraciones.

El texto de Moreno se acerca al teatro del absurdo, la evocación de la realidad aparentemente sin ningún significado, las pinceladas de humor así como lo repetitivo de sus acciones sin razón evidente son algunas particularidades que lo relacionan con este teatro. El director usa tambien textos del libroDe vuelta de José Abreu Felippe y se adueña de sus versos para mezclarlos con la busqueda de identidad y la nostalgia del personaje bohemio interpretado por Daisy Fontao, que fluye entre la locura y la alienación. La actriz lo conduce con pasión y profesionalismo, acercándose a la catarsis nostálgica, “Habana es una sombra abierta sobre los arrecifes”.

Por su parte, Tomas Doval muestra una realidad oculta y dolorosa a través de su personaje, un hombre lleno de contradiciones. Doval se desdobla con vehemencia y humor y traza los hilos de un personaje cercano y ajeno que se debate entre su naturaleza y sus adquiridas normas sociales.

La obra, que está construida como dos monólogos independientes que solo en un momento se articulan, no solo aborda la imposibilidad del retorno a un país sino que lleva impícita la incapacidad de romper con convenciones sociales y el no retorno de las vivencias de una lejana juventud.

Moreno y su equipo se aventuran con un trabajo intimista, una declaración confidente del desarraigo, de la búsqueda diaria e interminable de la identidad en ese proceso de transculturación al que sin duda nos sometemos. “Pero mañana ya veremos”, como aseguran los personajes de Sin retorno.

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Daisy Fontao y Tomás Doval en ‘Sin retorno’. Ernesto García / Cortesía TEMFest 2013

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