Curioso

Encanto y canto de ballenas

Por Luis Alberto Perea

Cuando la antártica se empieza a poner más blanca, más fría y mas grande, se acuerdan de las cálidas brisas del pacifico tropical donde fueron felices, retozaron, y se enamoraron hasta que entregaron su majestuoso cuerpo a aquel impetuoso macho que logró el milagro de la vida en ese ballenato que lleva en sus entrañas. Empiezan a deslizarse, ante la mirada tristes de pingüinos que con sus trajes de gala las despiden desde riscos de hielo y playas blancas parecidas a la espuma de la leche recientemente hervida.

Viajan ocho mil quinientos kilómetros en busca de la felicidad de ser elogiada, admirada y deseada por su “balleno”, se deslizan hacia esas costas afrodisiacas para ser amadas y para dar amor.

En las costas de Bahía Málaga, Gorgona y Bahía Solano en el pacifico Colombiano, ellas hablan de lo difícil que se está poniendo el antártico por el calentamiento y por el temor a los barcos balleneros que las persiguen, piensan que el hombre envidia su felicidad.

Observar las ballenas es un espectáculo estético e inspirador que hace renacer el espíritu de los hombres. Para sumergirse, encorvan el dorso y como en cámara lenta exponen su enorme y esbelta cola que se hunde en el agua para su próxima presentación ante los extasiados observadores, como si fuera poco, cuando toma posiciones horizontales agitan sus aletas pectorales azotándolas contra el agua, no se sabe si ella misma se aplauden por tan magnífica proeza o si le está pidiendo aplausos a los turistas y pobladores… o quizá presentando un saludo mientras a lo lejos se escucha el ritmo cadencioso de la marimba y los tambores.

Luis Alberto Perea

LuisAlbertoPerea.curioso@gmail.com

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